The Author

Man Sketch

D.M. Cornish nació a tiempo de ver la primera película de la Guerra de las Galaxias. Tenía cinco años. Eso le hizo darse cuenta de que era posible que hubiese mundos más allá del suyo, y no consiguió comerse las palomitas. Experiencias con C.S. Lewis, y más tarde con J.R.R. Tolkien, le terminaron de convencer de que existían otros mundos, y de que los escritores tenían la llave para llegar a ellosser fantástico. Pero las palabras no fueron sus primeras herramientas para narrar historias. Lo fueron los dibujos.

Pasó la mayor parte de su infancia dibujando, así como casi toda su adolescencia y su edad adulta. Y a los once años hizo su primer libro, titulado Ataque desde Marte. En él aparecían seres de Júpiter y muchísimos dibujos de batallas espaciales.

Estudió Ilustración en la Universidad de South Australia, donde empezó a recopilar sus cuadernos de notas. Había leído las novelas de Mervyn Peake, La Ilíada y a Paul Gallico. Las ideas clásicas así como el deseo de continuar con lo que Mervyn Peake había comenzado le llevaron a diseñar su propio mundo. Hermann Hesse, Kafka y otros escritores le convencieron de que siempre hay maneras de escribir fantasía sin hacerlo según los cánones generalmente aceptados. A lo largo de los siguientes diez años rellenó veintitrés diarios con los dibujos, definiciones, ideas e historias de su mundo, el Continente Central.

No fue hasta 2003 que un encuentro casual con una editor de libros infantiles le dio la oportunidad de llevar estas ideas más lejos. Ella le empujó a escribir la historia de su mundo. Se le encomendó la tarea de entregar 1.000 palabras a la semana siguiente y 1.000 a la otra. Abandonando cualquier otro trabajo remunerado, se pasó dos años viviendo de pequeños anticipos, mientras su editora intentaba evitar con desesperación que se comiera los muebles.

Y así nació la historia de Rossämund: una obra de amor que tardó más de doce años en llevarse a cabo.